El consumo de marihuana no tiene por qué ser necesariamente pernicioso, siempre que responda a unos patrones razonables.

De hecho, como sucede con el vino o la cerveza, el consumo medido y controlado puede ser incluso beneficioso en ciertos aspectos: son bien conocidos sus efectos relajantes y algunas propiedades terapéuticas concretas.

Como con cualquier otra sustancia, los problemas suelen llegar cuando el consumo escapa al control del sujeto, y muy especialmente, si este ha desarrollado adicción.

En estos casos, puede ser necesaria una intervención externa para ayudar al consumidor descontrolado. Para ello, deberemos estar seguros de que la marihuana es la causa de los problemas que observamos.

Cómo puedes saber si una persona fuma marihuana

Lo que está claro es que, si se hace esporádicamente y se mantiene el control, los síntomas de una persona que fuma marihuana son prácticamente imposibles de detectar, ya que los efectos son muy leves, y además desaparecen en tres o cuatro horas.

La única excepción en este caso, es que fume a escondidas en el propio domicilio o en su lugar de trabajo. El inconfundible y persistente olor de la marihuana lo delataría, incluso muchas horas después de la fumada. Y eso, siempre que en su entorno conozcan el olor, claro. Porque una persona ignorante del aroma podría confundirlo fácilmente con el de la flor de ajo o plantas similares.

Otra historia bien distinta es que el consumo sea excesivo y continuado, en cuyo caso se producen alteraciones físicas y conductuales que pueden ser indicativas de adicción problemática.

Síntomas de una persona que fuma marihuana

Los principales síntomas visibles cuando fumas marihuana en exceso son:

  1. Ojos enrojecidos y vidriosos
  2. Descoordinación motora
  3. Falta de concentración
  4. Risa descontrolada o euforia
  5. Falta de noción del tiempo

Además, puede producirse una transición súbita del estado de euforia a uno de apatía o sueño profundo, y suelen observarse episodios de hambre desaforada y repentina.

Estos síntomas visibles se refieren a una fumada excesiva, y no a una sobredosis. En este último caso, lo más aconsejable es derivar al fumador a un centro sanitario, y dejarse de averiguaciones. En el hospital se encargarán de eso.

En caso de adicción, los síntomas conductuales incluyen cambios de comportamiento, ausencias injustificadas de las clases o el puesto de trabajo, apatía y adormecimiento. Si al adicto le falta la marihuana, aparecen el nerviosismo y/o la agresividad.

Las pruebas definitivas

Todo lo que hemos comentado anteriormente está muy bien. Pero, lamentablemente, tenemos que añadir que todos esos indicios o síntomas pueden apuntar a un consumo de marihuana, pero no son definitivos:

Por un lado, todos ellos son susceptibles de ser provocados por otras sustancias que no tienen nada que ver con la marihuana.

Por el otro, las conductas inapropiadas y asociales tampoco son exclusivas de un consumo excesivo o adicción a la marihuana, sino que son comunes a otras adicciones, con la salvedad del tabaco.

Entonces, ¿cómo saber definitivamente si una persona fuma marihuana? Pues solo existen tres posibilidades para confirmar con certeza el consumo: pillar al consumidor con las manos en la masa, averiguar si dispone en casa de útiles o materia prima, y realizar un análisis de saliva o sangre.